El famoso entrenamiento en ayunas es un tema controvertido y que estoy seguro que daría para muchas entregas en este blog. Sin embargo vamos a tratar de resumirlo en una sola y si os quedan dudas o argumentaciones lo tendremos en cuenta para próximos artículos.
Esta práctica consiste en salir a entrenar tras un largo periodo sin comer nada. Por lo general suele ser por la mañana que es el momento en el que las reservas de glucosa son más escasas. Por este motivo los análisis de sangre nos los realizan por la mañana y en ayunas.

La glucosa como combustible
La glucosa es el combustible que nuestro organismo consume prioritariamente. Durante una noche los niveles de reserva bajan y el realizar ejercicio en esta situación obliga a nuestra “central energética” (el hígado) a mantener esos niveles obteniendo la glucosa a través de la movilización de las grasas. Hasta aquí todo parece sencillo y evidente, pero ¿qué sucede si nuestra “central energética” no es capaz de mantener los niveles de glucosa en sangre?.
El cerebro y la glucosa
Nuestro cerebro es un órgano que solo consume glucosa y si en algún momento le falta una pequeña cantidad su células mueren sin posibilidad de recuperarlas. Ante esta situación tan importante el cerebro se protege y ante el más mínimo indicio de quedarse sin glucosa “desenchufa” todo aquello que consuma glucosa. Este desenchufado se corresponde con los mareos con los cuales este órgano deja sin actividad todo aquello que le puede dejar sin su preciada glucosa.

¿Entrenar en ayunas?
Después de lo expuesto creo que ya somos conscientes del riesgo que supone entrenar en ayunas, sin embargo hay mucha gente que lo realiza e incluso que lo recomienda avalado por diferentes estudios científicos.
Cuando entrenamos en ayunas obligamos al organismo a movilizar las grasas para poder mantener los niveles de glucosa en sangre. 
Con este proceso conseguimos varios efectos positivos:
  1. Nuestro organismo mejora a la hora conseguir energía, desde el uso de las grasas, de una forma más efectiva.

  2. Conservamos las reservas de glucógeno (glucosa almacenada), y de esta forma tenemos disponibilidad de este preciado combustible para momentos claves de la competición como cambios de ritmo, sprints…
  3. Al usar tejido graso de nuestro organismo podemos conseguir reducir el peso sin perder masa muscular, es decir, perdemos “lastre”.
  4. Los últimos estudios sobre fisiología evolutiva nos indican que puede mejora la función mental, disminuir el estrés.
 
En la próxima entrega os daremos las claves para poder llevar a cabo un entrenamiento en ayunas, práctica al alcance de unos pocos completamente adaptados a la práctica deportiva.
Raúl Palacios
Fotos: varias fuentes